“Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”
1ra Pedro 1:25
Resumen de la primera parte
En el artículo anterior examinamos algunas características del genuino evangelio en donde resalta: la fe, oír y creer— a)— Conversión—b)—Bautismo—e)— Estos puntos aludidos cambian o transforman al individuo en un nuevo ser, hasta la confirmación de su fe a través del bautismo.
Fe y obras: la fe como enseñanza de la iglesia
El punto de fe que enfocaremos no es el mismo que presentamos en la primera parte. Si bien, la fe nos ayuda a creer o tener certeza por ejemplo, que el Hijo de Dios murió por nosotros y mantenemos la seguridad en su promesa de incluirnos en el reino, si le guardamos fidelidad hasta la muerte. Sin embargo, este punto difiere del otro, por ser de distinto carácter.
Este atributo del evangelio no es comprendido por la gran mayoría religiosa que se enreda en conceptos equívocos y perviven en un laberinto sin salida. El libro del apóstol Judas nos ayudará a dilucidar este punto. “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido dada una vez a los santos”. Judas 3 único capítulo.
El apóstol, en una acción fraterna, alienta a la iglesia a luchar en defensa de la fe que ha sido dada a la iglesia, ¡una sola vez! ¿Por qué llama a defenderla vehementemente? La versión TLA en la parte final de este versículo expone: “Para pedirles que luchen y defiendan la enseñanza que Dios ha dado para siempre a su pueblo elegido”. Y ¿en dónde está cimentada la enseñanza o doctrina de la iglesia?
“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”
Romanos 3:27

La ley de la fe según Romanos 3
El versículo 26 de este capítulo en la última parte declara: “para que El sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Pablo debatía con los judíos acerca de la salvación y el medio era a través de la ley de la fe-la imagen expuesta arriba- o doctrina de Jesucristo; de allí la disyuntiva, ¿en dónde está vuestra jactancia?— autosuficiencia, engreimiento, etc—. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras?
Y es que el pueblo sionista mantenía la presunción que su redención estaba fundamentada en las obras de la ley: circuncisión, sacrificios, ritos de pureza e impureza, sacrificios de animales para limpiar el pecado del pueblo, etc, escritos por Moisés. “Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley, en un libro hasta concluirse”. Deuteronomio 31:24. En este libro que contenía las obras de la ley cimentaban los judíos la esperanza de redención.
No daban crédito al procedimiento abreviado de salvación establecido por el Hijo de Dios a través de su evangelio. Tampoco creyeron que la ley mosaica con todos sus componentes habían sido clavados en la cruz del calvario, Colosenses 2:16. Por eso, Pablo desvincula o excluye dicha ley como medio de salvación; además, les hace sentir la irreverencia o injuria hacia el Señor por mantenerse ligados a este sistema caduco mosaico.
“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”
Gálatas 3:10
La ley de la fe y los diez mandamientos
Luego prioriza la propuesta que está asentada en el versículo 27 en el libro a los Romanos, donde da preeminencia a la ley de la fe. Dicha enseñanza—fe—está fundamentada en las diez palabras de vida adornadas de principios y valores que en su práctica cambia y regenera a la humanidad. Es la ley de la libertad que pregona el apóstol Santiago, capítulo 1:25; 2:10, etc. Esta doctrina o fe ha sido ardientemente defendida por el pueblo de Dios desde sus albores.
Todos los diez puntos de la ley de la fe, son de carácter moral, incluyendo el cuarto mandamiento que Dios le otorgó características especiales desde su establecimiento. “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo-sábado-, y santificólo, porque en el reposó de toda su obra que había Dios creado y hecho”. Génesis 2: 2 y 3. Este mandamiento lo ratifica el Señor Jesucristo una vez que ejercie su santo ministerio en esta tierra, Marcos 2:28.
Una fe dada una vez a los santos
Volviendo a la epístola de Judas versículo 3, que por su importancia demanda un análisis más profundo en su parte final. “Que contendáis eficazmente por la fe—doctrina— que ha sido una vez dada a los santos”. ¿Que significa las partes subrayadas? Que la enseñanza, doctrina o fe, ¡es irrepetible! Ha sido establecida solo una vez y a través de ella hemos sido instruídos; no existe otra doctrina que llene las expectativas de salvación. Pablo fue un ardiente defensor de esta enseñanza, “ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ella pues haciendo eso, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan” 1ra Timoteo 4:16. Y su conclusión es determinante:
“Un Señor— un solo Dios—una fe—solo una enseñanza o evangelio—un bautismo”
Efesios 4:5
Finalmente, Judas en el versículo 4 previene a los fieles que custodian la fe o enseñanza a cuidarse de falsos maestros que entran encubiertamente a la iglesia para pervertir la doctrina pura del evangelio.
Indiscutiblemente la fe o precepto de la iglesia es un atributo invaluable del genuino evangelio.
Una vez que reconocemos que la fe o enseñanza de la iglesia, está sustentada por los mandamientos de Dios, debemos vincularlas con Las Obras:
Las obras
Su definición: “Una obra es una cosa producida o hecha por una persona o un grupo de personas”.
La historia registra nombres de personas filantrópicas que a lo largo de su existencia han realizado obras de manera desinteresada en favor de los demás; sin embargo, dichas obras aunque se fundamentan en buenas intenciones, ¿contribuyen estas a la salvación? ¿Qué explica la palabra de Dios respecto a ello? “Empero al que obra no se le cuenta el salario por merced,—privilegio, recompensa, beneficio, etc—sino por deuda”. Romanos 4:4. La versión Latinoamérica traduce con más precisión.
“Ahora bien, cuando alguien hace una obra, no se le entrega su salario como un favor, sino como una deuda”. Es decir, que implícitamente el hombre conlleva en sí ese compromiso de ayudar o auxiliar a los demás. Este trabajo no es exclusivo de gente pudiente, sino de todos a medida de sus posibilidades; no precisa que sea material. “Así que entre tanto que tenemos tiempo, hagamos el bien a todos, y mayormente a los domésticos de la fe”. Gálatas 6:10. “Entonces en Joppe había una discípula llamada Tabita. Esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente”. Hechos 9:36.
“Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos, y de las afligidas, como que también vosotros mismos sois del cuerpo”
Hebreos 13:3
Abraham: la fe que actuó con sus obras
Para ilustrar esta parte, veamos el caso de Abraham. “Que si Abraham fue justificado por las obras, tiene de que gloriarse, más no para con Dios”. Romanos 4:2. En efecto, Abraham realizó diversas obras en la vida que le proporcionaron múltiples satisfacciones, más no para con Dios. Por tanto, las obras por si solas no proveen salvación. Precisa otro elemento vital a manera de balance que nos conduce hacia nuestra redención. ¿Cuál? “Porque ¿qué dice la escritura? “Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuido a justicia”. Romanos 4:3.
¿Cómo fue justificado Abraham?
Y ¿cómo fue justificado nuestro padre Abraham? “Sabéis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham. Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar a los gentiles, evangelizó antes a Abraham, diciendo: en ti serán benditas todas las naciones”. Gálatas 3:7 y 8. ¿Cómo fue entonces justificado Abraham? A través de la palabra. Dios, declara Pablo, que evangelizó o predicó al patriarca para que fuese hacedor de la fe—enseñanza—que estuviese fundamentada en sus mandamientos.
“Por cuanto oyó Abraham mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. Génesis 26:5. Así, Abraham fundamenta su fe a través del anuncio de Jehová. Por ello, sus obras vinculadas a su genuina fe, fueron aceptas al Eterno Dios. “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras y que la fe fue perfecta por las obras?” Santiago 2:21-23. A esta declaración se añade otra, también relevante;
“vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta”
Santiago 2:24 y 26
Rahab, justificada por sus obras
En este interesante relato Santiago menciona a Rahab la ramera, “así mismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió los mensajeros y los echó fuera por otro camino?” Santiago 2:25. ¿Por qué fue hecha justa Rahab? ¿En que fundamentó su fe siendo una persona ajena al pueblo de Dios en la antigüedad?
En la genealogía de Jesucristo en el versículo 5 resalta el nombre de Rahab casada con Saldmón—las crónicas destacan que este varón judío, siendo uno de los espías conoció a Rahab, en Jericó donde les brinda su ayuda para que escapasen—. El fruto de esta pareja fue Booz; este fue el padre de Obed—y Ruth fue la madre—y Obed fue el padre de Isaí. El versículo 6 expone que “Isaí fue el padre del rey David” de cuyo linaje real desciende Jesucristo.
Tal vez usted esté tan sorprendido como el que escribe estas líneas que una de las precursoras del Hijo de Dios haya sido una ramera; sin embargo, es la soberanía de nuestro Padre y Dios Omnipotente. El a través de los tiempos ha exaltado a distintos personajes que no precisamente formaron parte de su pueblo. Por ejemplo, Abraham; no era judío, nació y vivió en Hur de los Caldeos—Génesis 11:31—un pueblo entregado a la idolatría. No obstante, lo enalteció por la fe que le guardó, a tal punto que le confirió el título de padre en la fe de las naciones.
Rut y Rahab: fe y obediencia
Ruth, de origen moabita también fue exaltada por su obediencia y fidelidad que le dispensó al Dios Eterno. “Entonces Pedro, abriendo la boca dijo: en verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”. Hechos 10:34 y 35.
Ahora bien, ¿que hizo Rahab para cimentar su fe?, porque para ser justificada ¿le bastaba la obra que hizo desviando por otro camino a los espías israelitas para escapar del enemigo, aún a costa de su propia vida y de su familia? Leamos la sorprendente respuesta de los escritos divinos. “Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen”. Salmo 87:4. Las partes subrayadas dan crédito que en efecto, Rahab, conoció a Jehová de los ejércitos. Casada con un judío es fácil deducir que se acopló a los mandamientos de Dios que observaba su pueblo. De allí, su justificación completada con las obras.
La fe y las obras de Jesús y los apóstoles
Para concluir esta parte brevemente haremos mención de la actitud que adoptó el Hijo de Dios con el evangelio de fe que estableció y las obras que realizó, entre otras.
El Maestro instituyó su fe, en los preceptos del Padre.
“Si guardareis mis mandamientos estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi padre y estoy en su amor”
Juan 15:10
De las obras: “Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados y los sordos oyen; los muertos son resucitados y a los pobres es anunciados el evangelio”. Mateo 11:5. Hasta concluir su magna obra de redención por nosotros. Juan 10:11 y 15.
De los apóstoles:
Su fe:
“La circuncisión nada es, y la insircunscisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios”
1ra Corintios 7:19
Sus obras: “Y vendían las posesiones y las haciendas, y repartían a todos como cada uno había menester”.
“Y la multitud de los que habían creído eran de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común”
Hechos 4:32
Definitivamente la entrada al Reino solo lo lograremos con la práctica de estos dos atributos del evangelio: “¿Más quieres saber, hombre vano que la fe sin obras es muerta? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto así también la fe sin obras está muerta”. Santiago 2:20, 22, 24 y 26.
Continuará…
Preguntas frecuentes
¿Qué relación hay entre la fe y las obras según la Biblia?
Según el estudio, la entrada al Reino requiere practicar ambos atributos del evangelio. Santiago 2 enseña que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe, porque la fe sin obras está muerta.
¿Qué es la ley de la fe en Romanos 3:27?
El estudio explica que aquí la fe es la enseñanza o doctrina de Jesucristo, dada una vez a los santos (Judas 3) y sustentada por los mandamientos de Dios. Por esa ley queda excluida toda jactancia.
¿Pueden las buenas obras salvar por sí solas?
No. El estudio reconoce el valor de las obras de caridad (Gálatas 6:10), pero cita Romanos 4:2: si Abraham hubiera sido justificado por las obras, tendría de qué gloriarse, mas no para con Dios. Se necesita la fe.
¿Cómo demostró Abraham su fe con sus obras?
Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3), obedeció sus mandamientos (Génesis 26:5) y ofreció a Isaac sobre el altar. Así, como dice Santiago 2, la fe obró con sus obras y se perfeccionó.
¿Cómo vivieron los apóstoles la fe y las obras?
Su fe era guardar los mandamientos de Dios (1 Corintios 7:19), y sus obras se vieron en que los creyentes eran de un corazón y un alma y compartían todas las cosas (Hechos 4:32).
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