“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iba tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo”
Romanos 9:30-32
En la tierra existe un pueblo cuyo protagonismo se ha dejado sentir en los anales bíblicos y en la historia: Israel es su nombre. Dicha nación ha sido la única en el planeta cuyo nombre fue otorgado directamente por el Eterno Dios. Génesis 32:28, una vez que lo adopta como su pueblo escogido. Éxodo 6:7. Receptor de leyes, estatutos, etc., para vivir organizado bajo la directriz del Padre Celestial y del gran legislador Moisés. Deuteronomio 4:5, 6 y 8.
Antes de explicar por qué Israel fue excluido del nuevo pacto, repasemos su condición como nación monoteísta liderada por un sacerdocio santo que ofrecería sacrificios al Padre, a través del sistema levítico.
Pueblo aferrado a la ley de Moisés con sus seiscientos trece preceptos, bajo cuya legislación fue instruido y capacitado, y en ese orden hizo presencia el Hijo de Dios en este planeta, como reformador de dicha ley, e iniciador de un nuevo pacto fundamentado en la fe. Israel ¿Acogió esta nueva disposición divina? ¿Por qué su resistencia al cambio? ¿Y porque su exclusión en el nuevo pacto?
La Herencia Exclusiva de Israel
Entrando en materia en esta temática y revisando los Santas Escrituras encontramos que originalmente Israel disfrutó de muchas prerrogativas concedidas por el Altísimo Dios.
“Qué son Israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas”
Romanos 9:4
Estudiemos brevemente las seis concesiones que Dios otorga a su pueblo, cuya finalidad era que dichos derechos se manifestaran para la honra y gloria de Dios.
La Adopción
“Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”. Éxodo 6:7. Esta propuesta la había hecho antes Jehová a Jacob—Israel—fundador de las doce tribus de la nación hebrea. “Y le dijo Dios: tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios:
yo soy el Dios Omnipotente, crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos”. Génesis 35:9 y 10.
Así, Dios otorga este privilegio a los sionistas y lo admite—entre otras naciones— como su pueblo.
La Gloria
“Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo”. Levítico 6:23. Todos estos eventos acaecidos a Israel le daban honra y prestigio delante de otras naciones; a tal punto que el Señor les confería el honor de tenerlo presente en sus ceremoniales. “Este será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí. Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi Gloria”. Éxodo 29:42 y 43. ¿Qué otra nación en esta tierra pudo haber experimentado la presencia de Dios y sus bendiciones en los actos de trascendencia del pueblo judío?
¿Y que de los siervos ilustres como David, Salomón etc, que dejaron un valiosísimo legado en sus escritos para la posteridad?
El Pacto
No obstante, que Jehová había prometido a Abraham la tierra que heredaría su descendencia—Génesis 12:3—éste, le planteó la siguiente pregunta. ¿En que conoceré que la he de heredar? Jehová le respondió: “Tráeme una becerra, una cabra y un carnero”. Génesis 15:8. El ritual consistió en que el patriarca partió por la mitad a los animales uno frente a otro. Sin embargo, Abraham no caminó en medio de ellos; solo Jehová pasó en medio de los animales sacrificados.
“Y sucedió que puesto el sol y ya obscureciendo se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba entre los animales divididos.

En aquel día hizo un pacto con Abraham diciendo: a tu descendencia daré esta tierra, desde el rio de Egipto—rio Nilo—hasta el rio Grande, el rio Éufrates”. Génesis 15:17 y 18.
En este pacto de sangre, el versículo 17 explica que solo el Señor adoptó el compromiso de garantizar la promesa hecha a Abraham. Esta alianza realizada entre Dios y Abraham mantiene aun su vigencia, y en el transcurso de esta temática explicaremos las implicaciones que conlleva ésta con relación a Israel.
La Promulgación de la Ley
Esta proclamación de su ley, Dios la hizo efectiva en el monte Sinaí, —Éxodo 20:117— dicha ley contiene valores éticos morales que reguló la conducta del pueblo a través de la santidad.

Dicha ley por su alto contenido ético es eterna, observada a través de los siglos por los verdaderos siervos del Señor. También se le conoce como la perfecta ley, y la ley de la libertad. Santiago 1:25.
El Culto
“Ahora bien, aun el primer pacto tenia ordenanzas de culto—reverencia, adoración, devoción, etc—y un santuario terrenal”. Hebreos 9:1. “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”. Éxodo 25:8. Obviamente el santuario seria exclusivamente para que la nación hebrea se reuniese allí a rendir culto a Jehová. “Tu los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tu has preparado oh Jehová, en el santuario que tus manos, oh Jehová han afirmado”. Éxodo 15:17. El Señor Jehová a través de Moisés coordinaría todos los servicios en el santuario que Israel ejecutaría… “Para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová”. Éxodo 36:1 última parte.
La Promesa
En esta parte las Sagradas Escrituras dan valor probatorio de la promesa del Eterno hecha a Abraham a través del pacto que registra Génesis 15. “Hermanos, hablo en términos humanos: un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade”. Gálatas 3.15. Pablo hace referencia de la alianza entre Dios y Abraham a favor de los judíos y ratificada por Jesucristo. “Promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche”. Hechos 26:6 y 7. Esta promesa a favor del pueblo sionista en la era de la gracia, ¿La pudo mantener? El pueblo judío, como hemos expuesto brevemente Dios lo colmó de gloria a través de todos los atributos otorgados que conllevaba la obligación de obedecerle y servirle.
Israel Viola el Primer Pacto
Israel había violado el primer pacto realizado por el Eterno Dios a través de Moisés que estaba contenido en el libro de la ley. Los judíos se comprometieron a obedecer. “Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. Éxodo 27:7. Sin embargo, ellos violaron el pacto.
“Y les dirás tú: así dijo Jehová Dios de Israel: maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto, el cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: oíd mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que os mando; y me seréis por pueblo y os seré a vosotros por Dios; pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron. Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles, la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres”. Jeremías 11:3, 4, 8, 9 y 10.
El Incumplimiento del Pacto por Israel
Israel, una vez que viola el pacto sempiterno a través de su desobediencia podría haber quedado fuera de la promesa divina, incluso el Señor lo pudo haber desechado como su pueblo; sin embargo, no olvidó la promesa hecha al patriarca y dispuso para sí hacer un nuevo pacto sobre mejores promesas.
El Anuncio del Nuevo Pacto en Jeremías
“He aquí que vienen días, dice Jehová de los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días dice Jehová: daré mi ley en su mente, y las escribiré en su corazón; y os seré a ellos por Dios y ellos serán por pueblo”. Jeremías 31:31-33.
El referente de este nuevo pacto es nuestro Señor Jesucristo. “He aquí, yo envió mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los Ejércitos”. Malaquías 3:1. El Hijo de Dios como enviado del Padre adopta este delicado papel de convocar a la casa de Israel y explicarle las ventajas de esta nueva alianza mediante su arrepentimiento.
El Nuevo Pacto y los Gentiles
Esta era su misión como explica el siguiente enunciado bíblico. “El respondiendo dijo: no soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mateo 15:24. Sin embargo, el corazón de los judíos se endureció. Juan 1:12. Inclusive las mismas autoridades judías—principales sacerdotes y fariseos—se reunieron para matarle. Juan 11:47 y 53. Entonces el Señor resuelve excluirlos de esta nueva alianza e irse a los gentiles.
“Por tanto os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gentes que produzca los frutos de el”
Mateo 21:43
Los discípulos de Jesús, como el apóstol Pablo lidiaron incansablemente por persuadir a Israel al arrepentimiento, sin lograrlo. “Y Silas y Timoteo vinieron de Macedonia Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y blasfemando éstos les dijo sacudiéndose los vestidos; vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles”. Hechos 18:5 y 6. Así, los judíos no honraron la promesa cuyo depositario es Abraham.
El Ingreso de los Gentiles
En este contexto estudiemos brevemente la parábola del hijo prodigo. “Un padre— Dios— tenia dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y le repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Lucas 15:1-3.
El Señor Jesucristo explica en esta parábola que un hombre tenía dos hijos; y resolvió heredar al hijo menor, ¿A quien representa esta figura del hijo prodigo? ¿Y en que consisten los bienes que el padre le dota y que miserablemente derrocha? La primera interrogante las Sagradas Escrituras la declarará al final de esta parábola.
Veamos el significado de los bienes. Un sinónimo de bien es acervo, y como se trata de una figura humana,—el hijo menor que describe la parábola—la definiremos como acervo personal que según la enciclopedia encarta, “es un conjunto de bienes morales y culturales”; o sea, que es un grupo de valores que rigen la conducta humana. Así se explica que cuando el Maestro narra que los bienes otorgados al hijo menor, y que los derrocha perdidamente se refiere a la vida de libertinaje, pasiones desenfrenadas, culto a la idolatría, placeres, depravación, etc.
En la narración el Maestro expone que el hijo menor derrochó sus bienes en una provincia apartada—verso 13—. ¿Qué significa esta parte? “Dicen, pues, a Dios: apártate de nosotros, porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos? Job 21:14 y 15. Este era el sentir del joven de la parábola.
El Hijo Pródigo Regresa al Padre
El Señor continúa narrando. “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia y comenzó a faltarle. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos pero nadie le daba. Y volviendo en sí dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!—versículos 14, 16 y 17.
Una vez que el hijo menor reacciona se da cuenta que su vida está totalmente arruinada y reconoce que necesita abandonar la provincia de maldad y aceptar los valores que lo dignifiquen. “Y si dieres tu pan— la palabra de Dios—al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día”. Isaías 58:10. Ese era el pan espiritual que necesitaba para adquirir fortaleza. Y fue a su padre arrepentido, y este fue movido a misericordia y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó—versículos 18 y 20—.
Entonces el padre dijo a sus siervos: “sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su mano y calzado a sus pies. Y trae el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y a revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. –versículos 22-24—.
Reviste capital importancia interpretar los símbolos, cuyo revestimiento recibe el hijo menor.
El Vestido
¿Cuál es su simbología? “Pero nosotros que somos del día seamos sobrios, habiéndonos vestido de la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo”. 1ra de Tes. 5:8. La coraza era un protector que usaban los guerreros en la antigüedad—armadura que protege el pecho y la espalda—y el yelmo es un casco que protege la cabeza. La coraza y el yelmo es un revestimiento espiritual. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” Efesios 6:12 y 13.
El Anillo
En la antigüedad, en la práctica de la nobleza el anillo llevaba implícito un sello que cerraba un acuerdo o convenio. Las crónicas revelan que “en la edad media en el feudalismo era común realizar un contrato que obligaba al señor y vasallo— servidor, siervo, etc—jurar fidelidad al señor y se comprometía a prestarle diversos servicios. Este acuerdo se sellaba en una ceremonia especial”. Fuente: Enciclopedia Encarta.
Esta también era una práctica de los reyes en los días de Daniel.
“Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo—pacto—acerca de Daniel no se alterase”
Daniel 6:17

El profeta Ageo nos narra del sellamiento que hace Jehová a uno de sus siervos. “En aquel día, dice Jehová de los Ejércitos te tomaré oh Zorobabel hijo de Salatiel el siervo mio, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los Ejércitos”. Ageo 2:23.
Con las citas expuestas entenderemos mejor el simbolismo del anillo que es puesto en uno de los dedos de la mano al hijo prodigo. Ese anillo es el símbolo del sello cuando el hijo de Dios celebra el pacto—a través del bautismo—con su Señor. “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Efesios 4:30.
El Calzado
“Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz” Efesios 6.15. Esta figura es representativa de la palabra de Dios con sus dos testamentos. Por ejemplo, en el libro del evangelista Juan leemos el siguiente enunciado. “Escudriñad las escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mi”. Juan 5:39. ¿Acaso solo en los pasajes del nuevo testamento encontramos el testimonio del Hijo de Dios? El profeta Isaías uno de los exponentes del antiguo testamento escribe: “Más El—Jesucristo—herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5. El salmista ratifica lo expuesto en esta parte.
“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”
Salmo 119:105
Una vez que el hijo menor es recibido por la misericordia del padre, le celebra fiesta. Versículos 23 y 24.
El Hijo Mayor y la Fiesta de Bienvenida
“Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó que era aquello. Él le dijo tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y salvo entonces se enojó, y no quiso entrar. Salió por tanto, su padre y le rogase que entrase. Más el respondiendo dijo al padre: he aquí tantos años te sirvo no habiéndote desobedecido jamás y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos”. Lucas 15:25-29. De este ultimo versículo—29— entendemos que el hijo mayor del padre es Israel; pueblo que le ha servido desde la antigüedad. El hijo menor indiscutiblemente es el pueblo gentil.
Analicemos brevemente los últimos pasajes de esta parábola. El becerro gordo— versículo 23—que fue sacrificado es el símbolo de nuestro Salvador Jesucristo que padecíó y murió por nuestros pecados—Isaías 53:7—. Leamos con atención que en este sacrificio del Varón de Dolores no tuvo parte el pueblo judío, porque éste estaba en el campo—el mundo. Mateo 13:38—. Solo el pueblo gentil y un remanente del pueblo hebreo—como lo expondremos en el desarrollo de este estudio—aceptaron la salvación a través de nuestro Redentor. Observe que el hijo mayor de la parábola—Israel—no quiso entrar—versículo 28—a la propuesta del nuevo pacto cuyo mediador es el Hijo de Dios.
La Nueva Alianza y la Salvación de los Gentiles
Esta nueva alianza estaba constituida por mejores promesas, por cuanto la salvación se extendería a las naciones gentiles. “Porque de tal manera amó Dios al mundo—judíos y gentiles—que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree no se pierda, más tenga vida eterna”. Juan 3:16.
Y es que el Señor desde antaño había resuelto unir las naciones gentiles con los judíos, para que formasen un solo pueblo. “Después de esto volveré y redificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y sobre todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”. Hechos 15:15-18. En este evento de misericordia hacia las naciones gentiles, Dios provocó a celos a Israel—Romanos 11:14— sin embargo, este continuó aferrado a su propia justicia fundamentada en la ley de Moisés.
“¿Qué, pues, diremos ¿Qué los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; más Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó? ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo”. Romanos 9:30-32. Su rebeldía llegó a tal grado que tropezaron con Aquel, que venia a salvarlos.
Continuará…
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las seis concesiones que Dios otorgó a Israel según el estudio?
El estudio enumera la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y la promesa, conforme a Romanos 9:4.
¿En qué consistió el pacto de sangre que Dios hizo con Abraham?
El estudio explica que fue un pacto solemne en Génesis 15, en el que solo el Señor se comprometió a dar la tierra prometida a la descendencia de Abraham.
¿Por qué Dios anunció un nuevo pacto a través del profeta Jeremías?
Porque, según el estudio, Israel invalidó el primer pacto al desobedecer la ley de Moisés, lo que llevó a Dios a prometer un nuevo pacto escrito en el corazón, Jeremías 31:31-33.
¿A quién representa el hijo pródigo en la parábola que analiza el estudio?
El estudio explica que el hijo menor simboliza al pecador arrepentido que abandona una vida de maldad y regresa a la misericordia del Padre.
¿Qué simboliza el anillo que el padre coloca al hijo pródigo?
El estudio explica que el anillo representaba en la antigüedad un sello de autoridad, por lo que su entrega simboliza la restauración plena del hijo ante el padre.
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