“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”
1ra.Corintios 10:24
Antes de continuar con el análisis de la inteligencia emocional, presentamos un resumen de la segunda parte de esta temática.
Destaca por su importancia el estudio de la regla de oro, dicho mensaje nos conmina a observar un principio moral: “Trata a tus semejantes igual a como quieres ser tratado”, de acuerdo con lo expuesto por el Señor Jesucristo precursor de esta regla, según Mateo 7:12.
Atendiendo la expresión paulina que encabeza nuestro artículo, “uno no puede pensar solo en uno mismo. Hay que pensar en los demás también, y en lo que conviene para el bien de ellos”. Versión Al Día. Definitivamente Pablo hace referencia a la empatía. Este término es difícil de clasificarlo en una única definición ya que posee distintas valoraciones o criterios en diferentes áreas de la vida. Sin embargo, intentaremos presentar un concepto claro y preciso. “Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro”.
Goleman expone un criterio más amplio: “La empatía, cuando menos saber interpretar las emociones ajenas; en un plano más elevado incluye percibir las preocupaciones o los sentimientos del otro y responder a ellos”. Así, la empatía es base del altruismo—“tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”—. Fuente: worvart.
Otro autor expone que la empatía “es la habilidad de leer en los ojos del otro, sus emociones y sus necesidades a través del lenguaje no verbal”.
La Regla de Oro, la Empatía y sus Diferencias con la Simpatía
Continuando con el estudio de esta temática, deseamos aclarar dos conceptos que se confunden con la empatía:
a)Contagio emocional: “Cuando hay conexión con el otro, a través de las expresiones faciales, voz, movimientos, etc”. Fuente: Psicología Aplicada. El libro de Génesis ilustra esta parte. “Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo. Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere se reirá conmigo”. Génesis 21:5 y 6. Sara había mantenido profunda tristeza por la ausencia de la maternidad y a su tiempo—estado de vejez—Dios le concede un hijo y la contagia de felicidad— risa—.
b)Simpatía: Una de sus definiciones: “Sentimientos de preocupación, lastima, y dolor por el otro”. Fuente: Psicología Aplicada.
El libro de Lucas enfoca este trozo. “Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole pasó de largo”. Lucas 10:30-32. En esta narración del Maestro cuyos símbolos—un hombre, un sacerdote, un levita—son los que configuran esta enseñanza. El hombre herido de muerte abandonado a su suerte en un camino no consigue sensibilizar al sacerdote y al levita que no lo asisten. Esta descripción figurada del Hijo de Dios, se materializa en el mundo en el cual muchos somos testigos oculares de personas heridas por la violencia, accidentes, etc, despertando en nosotros compasión y dolor por la situación crítica que se encuentran, y como aquellos dos personajes pasamos de largo. Esta acción la define la psicología como dolor por el otro.
Retomando el relato de Lucas de los versículos posteriores, el Señor concluye esta parte. “Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Al otro día al partir, sacó dos denarios—antigua moneda romana de plata—y los dio al mesonero, y le dijo: cuídamele y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando regrese”. Lucas 10:33-35.

En esta enriquecedora parábola el Hijo de Dios crea un puente emocional con la figura del hombre descrita. La empatía lo mueve a sentir los sufrimientos ajenos como propios. Sentir por el otro.
A continuación abordaremos algunos puntos que están asociados a nuestra vida cotidiana y que es preciso aplicar para ponderar nuestra inteligencia emocional:
- Empatía social
- Empatía laboral
- Empatía familiar
- Cristo: Fuente de empatía
Empatía Social Ejemplos Bíblicos: La Compasión de Pablo y la Indiferencia de Jonás
Empatía social:
Definición: “Cuando un individuo consigue sentir el dolor o el sufrimiento de los demás poniéndose en su lugar, despierta el deseo de ayudar y actuar siguiendo los principios morales”. Fuente: Worvart.
Y es que esas acciones conllevan a veces a obtener beneficios una vez renunciamos a nuestros propósitos por los demás.
LA EXPERIENCIA PAULINA:
Por falta de espacio parafrasearemos el capítulo 16 de los Hechos y los versículos 18 al 36.
Pablo y Silas fueron puestos en la cárcel después de haber recibido azotes con varas. El “delito” consistió una vez que Pablo libera una joven de un espíritu de adivinación con fines de lucro. Una vez puestos en el calabozo, el carcelero cuidó extremadamente que no escapasen colocándoles un cepo— inmovilizador—a ambos en los pies. No obstante, el flagelo al que fueron sometidos ambos, a la media noche cantaban himnos a Dios de repente sobrevino un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión, e instantáneamente se abrieron todas las puertas de la cárcel y las cadenas que los mantenían inmovilizados se soltaron una vez que el carcelero vio abiertas las puertas de la celda, intentó quitarse la vida pensando que los apóstoles habían escapado. Y es en este preciso momento que Pablo y Silas manifiestan compasión hacia el carcelero a través de la empatía. En ese tiempo existía un reglamento interno que castigaba con la pena de muerte a los guardianes que dejasen escapar a los reclusos. Pablo observando la acción del carcelero, de privarse de la existencia, gritó para que no lo hiciese.
En este crucial evento ocurrieron dos cosas relevantes:
Primero: Pablo y Silas, tenían todo a su favor para escapar, el Señor para tal fin había abierto las puertas de la prisión y roto las cadenas que los imposibilitaba, sin embargo, tuvieron la capacidad de ponerse en el lugar del guardián para que no sufriera la pena de muerte y permanecieron todo el tiempo al lado de él.
Segundo: Por esta acción compasiva hacia el guardián, este y su familia ¡se unieron al pueblo de Dios, bautizándose todos!
Finalmente, después de haber pasado la noche entre escombros, a temprana hora del día siguiente, los magistrados dieron la orden que los dejasen en libertad.
La parte final del versículo 36 narra que ambos se marcharon en paz.
En este suceso Pablo y Silas desarrollaron simultáneamente la empatía afectiva, es decir, sus emociones se acoplaron a la condición psíquica del carcelero brindándole el apoyo en un momento decisivo. “La empatía afectiva es la capacidad de responder con un sentimiento adecuado a los estados mentales del otro. Se supone que nuestra capacidad de empatía se basa en el “contagio”—la aceptación que sentimos por el otro—por su estado emotivo o excitación”. Fuente: Goleman. En otras palabras, la empatía debemos desarrollarla no solo en casos cotidianos de la vida, sino en situaciones críticas en que el interés del otro esté comprometido y que dependa de nosotros, ¡debemos intentarlo!.
Jehová increpa a Jonás su indiferencia hacia el pueblo de Nínive.
Contrario a la acción tomada por Pablo y Silas en favor del carcelero, Jonás adopta una actitud negativa, en un momento crucial en el cual dependía de él en parte de evitar la destrucción de toda una ciudad.
Casi todos conocemos la historia de Jonás. Inicialmente Jehová le da la comisión de trasladar el mensaje a los pobladores de Nínive—fue una importante ciudad de Siria cercana a la actual Mosul en Irak—según las crónicas los ninivitas vivían en pecado extremo delante de Jehová. No obstante, de ser enemigos de su pueblo, se compadece de ellos y les envía el mensaje de arrepentimiento a través de su mensajero. Jonás ignora el mandato y huye a Tarsis. Jehová entonces provoca una gran tempestad y sacude violentamente la nave que había dado albergue al profeta. Ante el temor de los marineros, viendo la nave a punto de naufragar, resuelven arrojarlo al mar donde es tragado por un enorme pez por tres días y tres noches que finalmente lo vomita en tierra. Capítulo 2 de Jonás.
Pasada esta experiencia el profeta por fin resuelve llegar en camino de tres días, a esa gran metrópoli a exponerles el eminente riesgo de perder la vida sino se arrepentía. El rey sabiamente convoca a toda la población—incluyendo a todos los animales—a un ayuno para apartar la ira del Señor sobre esa ciudad. Capítulo 3 de Jonás.
El último capítulo de este libro nos permite reflexionar sobre la actitud tal vez vengativa o egoísta de Jonás, una vez que persiste la idea de negarle la existencia a aquella villa y la resolución final del Eterno en favor de los ninivitas.
Jonás expone que su cortísimo mensaje fue en balde, porque según él, Jehová se las arreglaría para salvarlos.
El colmo de su insensibilidad por el dolor ajeno, llegó al límite una vez que según la versión Al Día, “Jonás hizo una enramada que le hiciera sombra mientras esperaba para ver la posible destrucción de la ciudad”. Jonás 4:5. Jonás, ¡se convierte en un simple espectador! ¿Porque el empecinamiento del profeta por llevar el mensaje de alerta a aquella población? Habida cuenta que en ningún momento tuvo la capacidad de ponerse en el lugar de los ninivitas. En algún momento Jonás pudo pensar que Jehová eliminara a esta ciudad y habría un enemigo menos de Israel.
LA LECCIÓN
Jehová en ningún momento estuvo indiferente a las emociones explosivas de Jonás— Jonás 4:1 y 2. Por lo que precisaba darle una lección por su proceder. “Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano y el sol hirió a Jonás en la cabeza y se desmayaba y deseaba la muerte, diciendo: mejor sería para mí la muerte que la vida. Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo hasta la muerte”. Jonás 4:6-9. Los textos escritos, ponen de manifiesto reiteradamente el egoísmo del profeta que anulaba la compasión por aquel pueblo que pudo haber sido destruido por su negligencia. Finalmente, Jehová le expone: “Sientes lástima por ti, porque fue destruida la planta que te daba sombra, aunque tú no trabajaste en ella y que de todos modos es de corta vida. Y ¿Por qué no iba a tener lástima yo de la gran ciudad de Nínive con sus ciento veinte mil habitantes, que están en la más negra oscuridad espiritual, y de todo su ganado?
Para cerrar esta parte reflexionemos: ¿Destruiría Jehová aquella generación de personas, que estaba inmersa en la más negra oscuridad del pecado, a falta de un mensaje salvador retenido por Jonás?
Como iglesia de Dios, ¿Hemos acaparado el mensaje de salvación al mundo, por negligencia o egoísmo, y esperar su destrucción? En algún momento, ¿Nos hemos puesto en su lugar?
La Empatía en el Área Médica: Jesucristo como Modelo de Compasión y Sanidad
No quisiéramos concluir esta parte que corresponde a la empatía social, sin antes enfocar brevemente algunas imprecisiones carentes de empatía de determinados profesionales de la medicina, una vez que realizan evaluaciones rutinarias al paciente.
¿Qué hacer para que el paciente se sienta seguro con su médico?

El profesional debe crear una atmosfera de seguridad y confianza una vez que toma para sí mismo los sentimientos del enfermo. Esta actitud, dará como resultado, que el paciente se sienta apoyado por su médico que lo valorará y lo aceptará como es.
Hacer lo contrario, desde su cómodo asiento, anteponiendo lo profesional y explicar mecánicamente al paciente su situación, crea una barrera en la cual el afectado se sentirá abatido y solo; peor aún, si maneja un cuadro terminal.
Nuestro Señor Jesucristo, nuestro médico por excelencia, nos da un ejemplo de compasión hacia los necesitados de la salud. “Vino a él un leproso rogándole, e hincada la rodilla le dijo: Si quieres puedes limpiarme, y Jesús teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó y le dijo: Quiero, se limpio”. Marcos 1:40 y 41. En este suceso apreciamos la precisión del Señor hacia su paciente que sin vacilar le restablece la salud. Esta acción, iba saturada de misericordia.
Y es que el profesional de la medicina, debe percibir las señales no verbalizadas del paciente, intuir, penetrar, y descubrir a través de la mirada una verdadera lectura de su cuadro clínico. Estas manifestaciones ocurren cuando el médico se despoja de sus pergaminos profesionales, --- no ve al paciente como mercancía—y toma para sí el sufrimiento de su prójimo. Es el hombre que con humildad apela a sus conocimientos adquiridos y los pone a la disposición del afectado. Mejor aún, si invoca el nombre del médico Celestial que le servirá de guía. Estas acciones las percibe el paciente que aún en estado crítico obtiene una alta dosis de optimismo y fortaleza, que lo situará en el camino de su recuperación.
Nuestro Señor Jesucristo dotado de alta sensibilidad humana, en su papel de médico cumplió con todos los requerimientos que demandaban sus pacientes, como lo demuestra el siguiente enunciado: “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: levántate, toma tu lecho y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho y anduvo” Juan 5:5-8. Y es que cuando se utiliza la inteligencia emocional—percibir los sentimientos del otro—en cualquier campo, en especial de la medicina, se obtienen excelentes resultados que hacen a las personas exitosas, de allí el criterio de Goleman, “la inteligencia emocional es mejor que el cociente intelectual, pues los altos conocimientos académicos a veces constituyen verdaderos obstáculos para que una persona se humanice.
El texto de nuestra portada es elocuente.
“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”
1ra de Corintios 10:24
“Siempre que alivies el dolor de otro ser humano, tu vida no será en vano”. Helen Keller.
Continuará…
Preguntas frecuentes
¿Qué es la empatía según la enseñanza bíblica e inteligencia emocional?
Es la capacidad de ponerse en el lugar del otro para comprender sus emociones y necesidades, fundamentada en el mandato apostólico de no buscar el bien propio, sino el de los demás (1ª Corintios 10:24).
¿Cuál es la diferencia entre empatía, simpatía y contagio emocional?
El contagio emocional es la transmisión automática de estados afectivos; la simpatía implica sentir dolor o lástima por el otro (como el sacerdote que pasó de largo); y la empatía nos mueve a sentir por el otro y actuar activamente para ayudarle (como el buen samaritano).
¿Cómo demostró el apóstol Pablo empatía social en la cárcel de Filipos?
Al evitar que el carcelero se suicidara tras el terremoto. A pesar de tener la oportunidad de huir, Pablo y Silas prefirieron quedarse para resguardar la vida del guardián, lo que resultó en la conversión de él y de toda su familia.
¿Qué lección sobre la empatía nos enseña la historia del profeta Jonás?
Jonás mostró falta de empatía al desear la destrucción de Nínive y priorizar su propio bienestar por una calabacera, mientras que Dios le enseñó que la compasión divina abarca el dolor y la salvación de todas las personas.
¿Por qué es fundamental la empatía en la medicina y en el trato a los enfermos?
Porque un médico con inteligencia emocional no trata al paciente como mercancía, sino que comprende su sufrimiento con humildad y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesucristo al sanar a los leprosos y a los enfermos.
Comparte tu opinión sobre este estudio bíblico
Tu comentario nos llegará de manera privada, no se hará público.