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Revelación de los atributos del verdadero evangelio (parte 3 y final)

“La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para Todos los que creen en Él…”

Romanos 3:22

El sumario del artículo anterior expone lo relativo a la fe o enseñanza del evangelio de Jesucristo y las obras que por mandato divino deben fusionarse con la fe. O sea, que para alcanzar salvación, precisan estos dos elementos vitales. Santiago 2:24 y 26.

Veamos ahora el inciso g, que corresponde a:

La Justificación y Gracia.

¿En qué consiste la justificación del hombre?

Justificación: Acción de justificar.

Más allá de las normas sociales las que rigen el bien común, el siervo de Dios es llamado a apegarse a la fe de Jesucristo mediante la observancia de los mandamientos de Dios. Por eso, el diccionario Larousse define al justo como: “El que vive, según la ley de Dios”. Ahora bien, ¿En qué consiste la justificación del hombre? ¿Quién era el único ser que podría realizar tan peculiar acción? “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir—librar, perdonar, rescatar, etc—al hermano, ni dar a Dios su rescate. Porque la redención de su vida es de gran precio y no se hará jamás; que viva adelante para siempre”. Salmo 49:7-9. Estas características pertenecen al Varón de dolores. Pedro, hace referencia al Hijo de Dios.

“El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”

1ra de Pedro 1:22 y 24

Jesucristo, el único que puede justificar al hombre

Jesucristo, es el único Ser que puede justificar al hombre mediante su sacrificio como cordero inmaculado. David en el salmo leído, declara que ningún ser humano sería capaz de realizar esta gran misión de salvar y justificar al hombre porque: “Todos nosotros somos como suciedad; y todas nuestras justicias como trapos de inmundicia”. Isaías 64:6. Por ello, explica Pablo: “Al cual Dios ha propuesto— Jesús—en propiciación—trato, convenio, reconciliación, etc—por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. Romanos 3:25, y concluye esta parte afirmando que:

“Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo para que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe—enseñanza—de Jesús”

Romanos 3:26

La justificación anunciada en Isaías y Zacarías

Y es que la justificación del hombre a través de Jesucristo estaba anunciada desde la antigüedad.

“Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá el linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos y Él llevará las iniquidades de ellos”

Isaías 53:10 y 11

¿Cómo ilustra el proceso en el hombre, este interesante atributo del evangelio? “Y Josué estaba vestido de vestimentas viles—despreciable, indigno, etc—y estaba delante del ángel. Y habló el ángel e intimó—simpatizar, congeniar, etc—a los que estaban delante de sí, diciendo: Quitadle esas vestimentas viles. Y a él— Josué—dijo: Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala. Y el ángel de Jehová protestó al mismo Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduviereis por mis caminos y si guardareis mis mandamientos, también tú gobernaras mi casa y también guardaréis mis atrios”. Zacarías 3:3-7.

Las ropas de gala: mantener las vestiduras blancas

Es de vital importancia observar con suma atención que una vez el ángel viste de ropa de gala—acto de justificar—a Josué, le hace un protesto o proclama—versículo 6— a Josué relativo a su justificación, y le da el norte a seguir: Guardar los mandamientos de Dios. Este es el desafío más grande que tiene el servidor de Dios, que esa ropa de gala que representa la justicia permanezca siempre blanca. “Que en todo tiempo permanezcan blancos tus vestidos”. Eclesiastés 9:8. Mantener las vestiduras blancas es un requisito para participar en las bodas del Cordero. “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa—la iglesia—se ha preparado y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el linaje fino son las acciones justas de los santos”. Apocalipsis 19:7 y 8.

Concluimos esta parte exhortando a cultivar la santificación derivada de nuestra justificación para lograr nuestra redención por la cual luchamos día a día.

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe—enseñanza o evangelio—de Jesucristo”

Revelación 14:12

¿Qué es la gracia?

Estudiemos brevemente lo referente a: La Gracia: “Favor o bondad especialmente sino ha sido ganada o merecida”. Fuente: Diccionario bíblico.

Una acepción de gracia lo registra el final del versículo 5, de la primera carta de Pedro capítulo 5, que declara. “Dios resiste a los soberbios, para dar gracia a los humildes”. ¿En qué forma se manifiesta Dios en favor de los humildes a través de su gracia? La versión VHH expone con más claridad. “Dios se opone a los orgullosos, pero ayuda con su bondad a los humildes”. Dios, premia esta virtud a la persona que conscientemente reconoce sus limitaciones y sus debilidades ante una situación adversa; y obra en consecuencia a favor de él, exaltándolo como tal. Una persona agraciada, humilde, etc, es respetada y admirada por los demás, de allí la bondad manifiesta del Eterno.

Justificados gratuitamente por su gracia

Ahora, estudiemos la gracia divina en su verdadero significado, “siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús”. Romanos 3:24. Notamos en la declaración paulina que la gracia ha sido como consecuencia de la justificación, exaltada, reiteramos, por este favor otorgado por Dios. Para remarcar este precioso atributo del evangelio, el mismo apóstol nos da una correlación precisa del proceso que conduce a la gracia. “Justificados pues por la fe, tenemos para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por lo cual también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes”. Romanos 5:1 y 2.

El apóstol explica con suma claridad que somos acreedores de la gracia, una vez que observamos la fe, o enseñanza del evangelio del Señor Jesucristo, fundamentada en los mandamientos de Dios. La expresión paulina, “el justo vivirá por la fe”, Romanos 1:17, es la confirmación de lo expuesto arriba. El servidor de Dios, vive, insistimos, aferrado a los preceptos divinos, deviene entonces la gracia salvadora del Hijo de Dios.

Queremos hacer énfasis que la gracia no la obtienen todos; no que el Señor la niegue, no obstante que es gratuita, la mayoría la rechaza. Para alcanzarla el apóstol expuso el proceso ya estudiado, por lo que se requiere voluntad, entereza y entrega; conscientes de lo que declara el apóstol; que es la antesala de nuestra redención. “Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres se ha manifestado”. Tito capítulo 2 y verso 11.

Y es precisamente este punto—salvación—que a continuación abordamos.

La salvación: un atributo personal

LA SALVACIÓN—inciso H— Definición: “La salvación es la liberación de la esclavitud del pecado y de la condenación. Resultado: La vida eterna con Jesús dentro de su reino”. Fuente: Diccionario bíblico.

Si bien, hemos enaltecido los atributos del verdadero evangelio, la salvación debemos empoderarla, por cuanto es la conclusión de una vida de lucha y sufrimiento y se da a través de la primera resurrección. Este atributo, ¿Es transferible? “Si estuvieran en medio de ella—la tierra—estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice el Señor Jehová”. Ezequiel 14:14. La justicia conferida al siervo de Dios por su obediencia a sus preceptos divinos, es intransmisible a otras personas; la justificación y la gracia que lleva a la salvación es exclusiva de nuestro Señor. “Y estos tres varones estuvieran en medio de ella, vivo yo, dice el señor Jehová, ni a sus hijos ni a sus hijas librarán; ellos solos serán libres”. Ezequiel 14:15 y 16.

En efecto, la salvación es personal; no es compartida.

El carcelero de Filipos: ¿se transfiere la salvación?

Para ejemplificar esta parte, veamos un evento que ocurrió en los días de Pablo. “Y sacándolos fuera, les dice: señores, ¿Qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el señor Jesucristo y serás salvo tú, y tu casa”. Hechos 16:30 y 31. Este hombre de corazón contrito era el carcelero que estuvo a punto de privarse de la existencia—versículo 27—, pensó que Pablo y Silas escaparían de la cárcel, una vez que Dios rompiera las cadenas que los sujetaban.

Era pena de muerte para el custodio que permitiera la fuga de algún reo; sin embargo, Pablo y Silas permanecieron junto a él hasta el amanecer. El guardián entonces, asombrado por la actitud compasiva de los apóstoles, resuelve añadirse al pueblo de Dios. La expresión: “Cree en el señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”, no debe interpretarse que el carcelero, una vez portador de la justicia divina transferiría la salvación a su familia. Centremos la atención en el versículo 32.

“Y le hablaron a él la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa”. Es decir, que el custodio y su familia recibieron el bautismo efectuado por los apóstoles, previamente evangelizados—versículo 33—. Y es que el Señor es determinante una vez que individualiza o separa a las almas de acuerdo a la condición de su vida delante de Él. “He aquí, todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare esa morirá”. Ezequiel 18:4.

Uno será tomado y el otro será dejado

Así, una vez que se materialice la primera resurrección—en cuyo tiempo tendrán parte los santos del Altísimo según Revelación 20:6— acontecerán dos eventos importantes.

Primero: “Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado y el otro será dejado”. Lucas 17:34. La versión NTV traduce: “Os digo que en aquella noche estarán durmiendo dos en una cama; el uno será tomado y el otro será dejado”. En esta narración el Maestro usa varias figuras, como noche, cama, personas, y el término dormir.

La palabra dormir es una de las acepciones de la palabra de Dios que significa estar sepultado. “Porque ahora dormiré—morir—en el polvo, y si me buscares de mañana, ya no seré”. Job 7:21.

Cama: Es la representación del sitio donde descansa el que fallece. “Si yo espero, el sepulcro es mi casa; haré mi cama en las tinieblas”. Job 17:13.

Y los dos que están durmiendo, son figuras representativas de dos personas que yacen en la noche, es el tiempo en que falta la claridad, es decir que permanecen confinados en la tumba.

“ El uno será tomado y el otro será dejado”. Esta frase nos aclara en su conjunto todas las figuras analizadas. A la venida del Señor sólo sus fieles seguidores abandonarán victoriosos el encierro de sus sepulcros.

“Y cuando esto corruptible fuera vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria? 1ra Corintios 15:54 y 55.

“El otro será dejado”. Representa al hombre de pecado que esperará la segunda resurrección para ser juzgado. Apocalipsis 20: 5 y 15.

Dos estarán en el campo

Segundo: “Dos estarán en el campo; el uno será tomado y el otro será dejado”. Lucas 17:36. En esta descripción el Maestro resalta tres peculiares figuras, un escenario: El campo—el campo es el mundo, Mateo 13:38—y la representación de dos personas con vida en esta tierra. La persona que será tomada simboliza a todos los servidores del Señor que estarán vivos y se dará su transformación a su regreso. “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos pero todos seremos transformados”. 1ra Corintios 15:51.

Así, se completa el número de resucitados de los servidores del Hijo de Dios; unos que abandonan sus sepulcros y otros que reciben en vida la salvación. Todos son transformados en criaturas celestiales y toman juntamente con su Señor el reino de paz y gloria, que establecerá en esta tierra por mil años. Sin embargo, este atributo de salvación que está disponible para todos, pocos lo consiguen; la mayoría lo rechaza y se convierte en un agravante que conduce a: La Condena.

La condena

Definición: “Imponer una pena a una persona por considerarla culpable de un delito”.

El Señor Jesucristo en su segunda venida gloriosa viene en calidad de juez. En todo su ministerio terrenal y los posteriores escritos plasmados en las Santas Escrituras fungió como salvador. “El que escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”. Juan 12:47. Sin embargo, concluida la gracia o el tiempo de la predicación del evangelio—Revelación 10:6 y 7—el Hijo de Dios adopta el papel de juzgador a través de su palabra.

“El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”. La versión TLA traduce: “El que me rechaza y no obedece mis enseñanzas, será condenado por esas mismas enseñanzas cuando llegue el fin”. Esa enseñanza proclamada está íntimamente ligada—como hemos expuesto—a los mandamientos de Dios. “Porque yo no he hablado por mí mismo; el Padre que me envió, el me dio mandamiento de lo que he de decir. Y sé que su mandamiento es vida eterna”. Juan 12:49 y 50.

El juicio y la muerte segunda

O sea, que todo aquel que rechazó la fe de Jesucristo o enseñanza genuina del evangelio, fundamentado en los mandamientos de Dios, será culpado en juicio por su maldad e injusticia. “Dentro de poco derramaré sobre ti mi furor y desencadenaré mi enojo. Te juzgaré, según tus obras y te pediré cuenta de todas tus maldades. Yo no tendré piedad ni compasión de ti, sino que te haré responsable de tu proceder, porque tus pecados estarán a la vista y sabrán que el que hiere soy yo”. Ezequiel 7:8 y 9, versión Latinoamérica. Esta persona que será juzgada es la que tendrá parte en la segunda resurrección. Revelación 20:5. Sufrirá la muerte segunda. “Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego”. Revelación 20:15.

Pueblo de Dios: ¿Estamos preparados para el encuentro con nuestro Señor Jesucristo en su venida?

Apreciable lector: ¿Cuánto más, esperará para aceptar al Hijo de Dios?. El tiempo se agota.

Concluido.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la justificación según la Biblia?

Es la acción por la cual Dios declara justo al hombre. El estudio explica que solo Jesucristo puede justificarlo mediante su sacrificio como cordero inmaculado, pues ningún ser humano puede redimir a su hermano (Salmo 49:7-9; Romanos 3:25-26).

¿Qué enseña la visión de Josué en Zacarías 3 sobre la justificación?

Josué, vestido de vestimentas viles, recibe ropas de gala: es el acto de justificar. Después el ángel le da el norte a seguir: andar en los caminos de Dios y guardar sus mandamientos, para que esa vestidura permanezca siempre blanca.

¿Qué relación hay entre la justificación y la gracia?

Según Romanos 3:24 y 5:1-2, somos justificados gratuitamente por su gracia. El estudio señala que la gracia viene como consecuencia de la justificación, y que se alcanza al observar la fe o enseñanza del evangelio fundamentada en los mandamientos de Dios.

¿La salvación se puede transferir a otra persona?

No. El estudio muestra con Ezequiel 14:14-16 y 18:4 que la salvación es personal e intransmisible. Aun el carcelero de Filipos y su familia tuvieron que escuchar la palabra y bautizarse cada uno (Hechos 16:30-33).

¿Qué significa “uno será tomado y el otro será dejado”?

El estudio interpreta Lucas 17:34-36 así: los que duermen en la cama representan a los muertos; a la venida del Señor, sus fieles resucitan y los vivos son transformados, mientras el otro espera la segunda resurrección para ser juzgado.

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